Baraja usted.
Los túneles generalmente sufren, pero cada tanto se regocijan con pequeñeces gigantes. Yo le dije al mudo que me quería quedar mirando, él me contestó intranquilo que deseaba dejar de escuchar.
Eran colores, todos colores azules. El borde me descolocaba por sutil (él). En un choto segundo sentí extremas ganas de comerme la pintura. Los condimentos estaban a gusto. Ahora recordaba: la había hecho yo en la quinta vida.
Uno hace más cosas de lo que se imagina, por el solo hecho de que todavía somos unidireccionales de conciencia,unidireccionales de momento. Pero además uno se imagina más cosas de las que hace si no es un destornillador.
¿En que quedamos entonces? En que somos materia gris, ¡eso creo doctor!
Le plantié la situación de la anhelada ingesta al mudo. El seguía preocupado por mí desde el otro día, cuando había bebido el vaso de aguarrás con cucharita. La reacción negativa de mi amigo me hizo intuir que compartía mis deseos pictófagos.
Ahora también había un pesado aire de competencia: lo bueno de éstos lugares es que se afinan los sentidos (todos a la vez) y uno se termina desconcentrando.
Son buenas, las quiero ver en mesa.
Como toda indecisión nuestra, se definió con piedra papel y tijera .La poca gente que quedaba en el museo se asombró y comentaba sobre el excelente corte de pelo que le hice al mudo, que se quedó con la piedra y el papel: en el regreso a casa se armó uno.
"Che nono estás re pitufo" me dijo mi amigo.
"Salgamos a embostar la ciudad" grité alienado, limpiandome la boca con una servilleta.
¿me está mirando las cartas doctor?
¿tiene vuelto de 20?