4.9.05

Hola, vine a flotar

Estoy condenado al inevitable éxito. Te comento que ayer a la tarde escribí un tratado de 8 páginas de palabras sueltas y terminé más que conforme: el significado lo determina el lector. Como mis últimas publicaciones, ésta obra también triunfará. Sedimentariamente logré llegar a estar en una posición extremadamente cómoda. Parezco estar atado de por vida a las envidiables apreciaciones tan imaginativas de mis seguidores, tan imaginativos como ilusos.
Cada día escribo cosas más complejas, cada día pienso menos.

¿Te acordas de mis comienzos, cuando todavía compartíamos banco? Esas historias de piratas, que hacían ruborizar a la maestra, y esos tesoros del futuro que enloquecían al de literatura. Cuando empezé con la religión ya no te veía tan seguido, y cuando te fuiste para europa me enganché con el surrealismo. Esos textos me hicieron empezar a ser reconocido en la prensa local, me sentaba en la silla de plastico verde de la cocina y escribía con los ojos cerrados para una mejor concentración. Con mucho énfasis, de las imágenes pasaba al espíritu y de la verdad absoluta a la irracionalidad dogmática.
En pleno éxito eran colores que me hablaban en lenguajes que no son.

Hoy me senté en la mesa y escuché al vecino que gritaba algo sobre el termotanque.
Ahora estoy haciendo una biografía en la que uso colores cálidos nada más porque estamos en invierno y la película se va poniendo oscura.

Voy a mear, ya vengo.