Una gesticulación bastó para desmoronar el protocolo. Gutierrez se atrevió a hacer lo que el mundo sin Gutierrez ignoraría. Para el resto (en el sentido más literal) su presencia era un guiño a las expresiones y un insulto al imaginario mundano, era un dedito en el culo. Algunos dicen que fue irreal, hasta su fusilamiento.
Y murió fracasado, ya que aquella famosa gesticulación fue el chiste más creativo de la historia, pero a su vez el menos gracioso... no lo entendió nadie. Y Gutierrez analizó la función del chiste y se deprimió. Hizo el peor chiste de todos.
Minutos antes de su decapitación intentó animarse pensando que a su obra se la podría considerar la "mejor broma de mal gusto jamás hecha". Pero cuando la guillotina lo atravesó él ya estaba resignado, conciente de su buen gusto ineludible.